jueves, 24 de diciembre de 2015

¡Feliz Navidad!

Quiero aprovechar estas fechas para daros las gracias a todos los que a lo largo de este año os habéis asomado a mi alacena (que, en realidad, es más vuestra que mía).  A los que habéis pasado discretamente; a los que me habéis apoyado con vuestros comentarios que tanto, tanto agradezco; a todos.

Para felicitaros estas fiestas quiero compartir con vosotros una obra maravillosa interpretada por el Coro de Amigos Coralia Artis, coro al que desde hace unos meses tengo la suerte de pertenecer. Para que veáis que no todo es jabón en mi vida ;).

Os deseo de corazón una feliz navidad y que el nuevo año llegue cargado de mucho amor y de muchos momentos felices.


Zorionak                  Feliz Navidad                 Bon Nadal              

            Merry Christmas                  Kala Christougenna                                

Buon Natale              Boas Festas                Shinnen omedeto

    Pozdrevlyayu s prazdnikom

                                        Fröhiliche Weihnachten



lunes, 7 de diciembre de 2015

Jabón facial para pieles secas y maduras

Hace unos años ni se me habría pasado por la cabeza lavarme la cara con jabón. Tengo la piel bastante seca y creía que piel seca y jabón eran incompatibles, después de todo el jabón reseca, ¿no? Bueno, eso es así cuando hablamos de jabones comerciales, que nos dejan la piel tirante, reseca y con una sensación muy desagradable, pero eso no pasa con un jabón artesano, máxime cuando está formulado pensando especialmente en una limpieza suave e hidratante. Varias personas de las que habían probado mis jabones, me decían que los usaban también para la cara, ¡jabones que ni siquiera estaban pensados para eso! Me daba un poco de reparo, pero me aseguraban que les iban fenomenal. A pesar de estar encantada con ellos, muy contenta con cómo me dejaban la piel del cuerpo, seguía sin plantearme usarlos para la cara.

Pero basta que lea en un blog alguna entrada sobre jabones faciales o a alguien que cuenta en mendrulandia las virtudes de su última fórmula para la cara, para que a mí me entren unas ganas enormes de ponerme a experimentar. Después de darle unas cuántas vueltas a la fórmula, poniendo y quitando ingredientes en busca de la combinación perfecta, conseguí un jabón excelente, que deja la piel limpia y suave, pero tan, tan suave, que es un placer usarlo a diario. Llevo ya más de un año usando este jabón y sólo puedo deciros cosas buenas de él, vamos, que está requeteprobado ;).


Si habéis visitado mi blog con anterioridad, sabréis de sobra lo mucho que me gusta darle color a mis jabones, pero también me gustan los jabones sencillos, esos cuyo principal atractivo es la promesa de las muchas bondades que proporcionará a nuestra piel. Tengo la manía de no utilizar colores en aquellos jabones que tienen una finalidad concreta, yo qué sé, cosas mías. Y ahora pensaréis, pero bueno, si este jabón está decorado con unas líneas blancas... Pues sí, pero esas extrañas rayas son debidas a un curioso efecto producido por una gelificación incompleta (los que no entendáis el término y tengáis curiosidad, sólo tenéis que pinchar en el enlace :)). Esa fue la primera y, por el momento, única vez que me ha pasado algo parecido y, dado que es una de esas cosas que el jabón hace cuando quiere y como quiere, dudo mucho de que se vuelva a repetir...


Aquí os dejo la fórmula para que la probéis si os apetece. Si introducís los datos en la calculadora de saponificación de mendrulandia, veréis que el valor del acondicionado es muy alto porque, como os he dicho, me interesaba un jabón muy suave y muy hidratante. Os animo a que probéis a modificar este u otros valores, quitando y poniendo aceites o cambiando las cantidades. Es así como se aprende a utilizar esta estupenda herramienta. Y no os olvidéis de reescalar la fórmula si queréis un jabón más pequeño ;).

- Aceite de oliva, 682 gr
- Aceite de hueso de palma, 244 gr.
- Manteca de karité, 117 gr.
- Aceite de borago, 68 gr.
- Aceite de macadamia, 68 gr.
- Cera de abeja, 58 gr.
         - Sosa, 156 gr.
         - Agua, 400gr.

- Sobreengrasado, 10%
- Concentración, 28%

Me encantaría que, si os animáis a hacer este jabón, volvieseis por aquí a contarme el resultado, sería estupendo.








domingo, 9 de agosto de 2015

Las cosas del jabón

No es la primera vez que cuento aquí que es muy habitual llevarse alguna que otra sorpresa cuando elaboramos jabón artesano. A veces son desagradables. No gelificó como debía y me quedó un ronchón oscuro en el centro de la pastilla; un color que creía estable mutó y se convirtió en otro horroroso de feo; tenía en mente una decoración y el resultado no tiene nada que ver con lo que yo había pensado; ¡dios mío!, ¿qué le ha pasado a la traza?, ¡esto es puro cemento!, ¿cómo meto yo ahora la percha?... En fin, esas cositas que no esperábamos, pero que ocasionalmente ocurren y nos dan pequeños disgustos..., bueno, y grandes también. Pero no siempre es así, incluso cuando pensamos que hemos metido la pata hasta el corvejón, podemos tener la increíble suerte de que el jabón esté de buenas y nos regale uno de esos resultados inesperados y maravillosos.


Uno de los momentos más especiales en la elaboración del jabón es el momento de cortar la primera pastilla de una nueva barra. Hemos dedicado tiempo y cariño a idear y formular una buena receta, hemos pensado en una combinación cromática perfecta, hemos elegido el aroma adecuado, hemos escogido entre las diferentes técnicas decorativas la que más nos gusta, hemos disfrutado con todo el proceso y, por último, hemos esperado pacientemente a que pasen los dos días de rigor para poder sacar a nuestra nueva "criatura" de su cascarón (vamos, a sacar el jabón del molde, que es que ya no sabe una que inventar para no repetir ochenta veces la palabra "jabón" en una entrada ;P).


Un compañero de mendrulandia comparaba la emoción de cortar esa primera pastilla con la de la mañana de Reyes. Puede parecer una exageración, pero yo creo que es una comparación muy acertada :). Claro que no siempre llegamos a ese momento con ilusión porque, si hemos sufrido alguno de los percances que he enumerado ahí arriba, no estaremos muy ilusionados que se diga. Pues eso es exactamente lo que me pasó a mí con mi último jabón. Había pensado hacer un jabón blanco en su mayoría, con una decoración de remolinos ocultos en amarillo y azul. Esta técnica la explica estupendamente Mónica en su blog, "El arte del jabón", exactamente aquí. Como decía, había pensado, porque se me fue la mano con la batidora y tuve que echar el jabón en el molde casi a paladas... ¡Qué coraje! Aún así, intenté introducir los colores en el blanco a base de darle con mucho ahínco y mucha fe con la espátula y, a pesar de que nada hacía pensar que pudiese remover nada de nada con la percha, le di unos cuantos meneítos por si acaso. Y lo más que pude hacer por la parte de arriba fue una decoración de cuchara..., bueno, no está mal para variar porque no suelo utilizarla mucho...


Cuando llegó el  momento de cortarlo, me esperaba lo peor. Pero ya he dicho que a veces el jabón es generoso y esta vez lo fue. ¡Estoy encantada con el resultado! A ver si soy capaz de repetir el efecto cuando realmente quiera, ya tranquilamente, sin pasar sudores ni disgustos.


Os dejo la receta por si os apetece probarla. A mí me gusta mucho, es muy suave y espumosa. Ya, ya, lo sé, siempre digo lo mismo, pero es que todas lo son. Si es que hay que pasarse a lo natural, que es una gozada.

   - Aceite de oliva, 698 gr.
   - Aceite de coco, 199 gr.
   - Manteca de cacao, 127 gr.
   - Manteca de karité, 115 gr.
   - Aceite de almendras, 67 gr.
   - Aceite de ricino, 29 gr.
      - Sosa, 158 gr.
      - Agua, 294 gr.

   - Sobreengrasado, 10%
   - Concentración, 35 %

Sólo recordar un par de cosas, que esta receta está pensada para unos 1800 gr. de jabón, quién quiera una cantidad distinta, no tiene más que utilizar la calculadora de mendrulandia para reescalar la receta; y que he utilizado una concentración bastante alta, pero este dato también se puede modificar en la calculadora, tenéis enlace directo a la derecha de la pantalla. Y por supuesto que, si os ponéis a jabonear, no olvidéis nunca las medidas de seguridad ;).

lunes, 1 de junio de 2015

Jabón de colores

¿No os ha pasado nunca que, basta que tengáis que quedar bien con alguien, para que las cosas se tuerzan? Bueno, pues eso es exactamente lo que me ha pasado a mí con una tanda de jabones por encargo que acabo de hacer. Justo por estos días va a hacer dos años que empecé a hacer jabón, lo recuerdo como si de un aniversario se tratase y, en cierto modo, así es. Vale que no es una experiencia espectacular, pero he jaboneado mucho en este tiempo y también he tenido la suerte de no haber tenido demasiados problemas haciéndolo. Así que cuando me puse a hacer un encargo grande de jabón y al muy puñetero le dio por no endurecer, hasta el punto de que, después de cuatro días hecho, se quedaba pegado al cuchillo al cortarlo, me quedé completamente descolocada. Funciono muy mal bajo presión, me bloqueo y, más allá de lamentarme y pensar "¿por qué a mí, señor?, ¿por qué a mí?", no era capaz de mucho más.


Pero creo que aún no os he contado una cosa y es que en este mundillo de artesanos, brujos y brujas jaboneros, hay gente muy, pero que muy generosa. Son como hadas buenas que no dudan en desplegar su extensa experiencia y sabiduría para ponerla a tu servicio en caso de necesidad. Y en esta ocasión, mi hada buena particular fue Mónica, de El arte del jabón, a la que no puedo sino estar agradecida, muy agradecida, de verdad. Algún día, con más tiempo, os enseñaré mis intentos de imitar alguno de sus preciosos jabones, el resultado es muy divertido... De momento os recomiendo que no dejéis de visitar su blog, vais a aprender mucho y a disfrutar un montón de su trabajo.


Cuando acudí a Mónica para preguntarle cuál podía haber sido el problema, no sólo me tranquilizó sino que, dado que la fórmula estaba equilibrada y con valores correctos, me dio un cursillo acelerado de cómo trabajar el jabón con concentraciones más altas para evitar en lo posible ese problema de la falta de dureza. En muy pocas ocasiones había yo tocado esa variable de la concentración en la calculadora de mendrulandia que, por defecto, es siempre de un 28%. 


Aprovecho para explicaros, porque no lo hice en la entrada sobre teoría que publiqué, que cuando hablamos de CONCENTRACIÓN nos estamos refiriendo a cómo de concentrada está la lejía que vamos a utilizar para hacer el jabón. Si el porcentaje es más alto, significa que tenemos más sosa disuelta en menos agua (con un 40 % de concentración tendríamos un 40% de sosa disuelta en un 60% de agua); si es más bajo, tendremos menos sosa en más agua (con un 28% de concentración, tendríamos un 28% de sosa disuelta en un 72 % de agua). Cuando cambiamos este punto en una receta, en realidad la única cantidad que cambia es la de agua, la de sosa no se modifica.


Con concentraciones más altas, es más difícil hacer decoraciones porque la traza espesa mucho antes, de ahí que sea imprescindible trabajar con todos los ingredientes lo más fríos posible, para retardar este momento. Me ha gustado mucho la experiencia, aprender a hacer las cosas de una manera diferente siempre es muy interesante y constructivo.


La decoración que he empleado es muy sencilla, pero muy resultona. Saqué la idea de este vídeo que encontré en youtube. En realidad, ese jabón no se parece en nada al mío ;), porque yo suelo hacer luego lo que me parece. El jabón del vídeo, que es muy bonito, queda parecido a lo que sería un jabón decorado con la técnica del falso embudo, pero es que a mí las rayas curvas que quedan no me gustan mucho, así que yo decidí meterle unos meneítos con la percha y estoy muy contenta con el resultado. Un método muy sencillo y sin complicaciones con unos resultados muy vistosos, espero que os guste :).


Creo que no hace falta explicar que las fotos de esta entrada son, una vez más, un regalo de María que, entre examen y examen, sacó un rato para recorrer su precioso jardín buscando el lugar idóneo para cada una de las fotografías. ¡Son unas fotos preciosas! ¡Gracias de nuevo, María!

viernes, 22 de mayo de 2015

Jabón de Castilla

En el mundo del jabón, hay una serie de recetas que podemos denominar clásicas y, quizás, la más sencilla y conocida de todas sea la del jabón de Castilla. Este jabón lleva en su composición, como única grasa, nuestro magnífico aceite de oliva. Es un jabón que no gusta a todo el mundo, pero lo que todo el mundo sabe es que es el jabón más respetuoso y delicado con nuestra piel. Por esta razón, es ideal para pieles sensibles, como la piel de los bebés, siempre y cuando no le añadamos ni aromas ni colorantes. La razón por la que hay gente a la que no le gusta, es porque es un jabón que no hace mucha espuma y porque, una vez que entra en contacto con el agua, se vuelve blando y babosillo. Pero no os desaniméis por eso, porque sus beneficios compensan con creces estos dos pequeños inconvenientes. Además, acordaos de que os di un truquillo para ese tema de la espuma ;).




Como es un jabón que, como ya he dicho, no lleva ni aromas ni colorantes para que sea 100% natural, decidí utilizar un molde de silicona con forma de rosa. No suelo usarlos casi nunca porque me encantan las barras, pero en esta ocasión me parecía que le iba al pelo y, la verdad, creo que han quedado muy monos :).



El periodo de curación de cualquier jabón es de cuatro a seis semanas, el del jabón de Castilla, también, pero mejora notablemente si tenemos un poco más de paciencia y nos aguantamos unos seis meses antes de usarlo. Entonces hará algo más de espuma, aunque nunca va a ser un jabón espumoso, y estará un poco menos baboso. Creo que merece a pena la espera :).