jueves, 18 de enero de 2018

Jabón de vino tinto, un regalo para la piel

Tengo muchas asignaturas pendientes en lo que a jabón se refiere. Como, por desgracia, el tiempo que puedo dedicarle no es mucho y los jabones decorados me chiflan, me olvido de probar ingredientes o recetas nuevas. No dejan de sorprenderme las cualidades que aportan determinados productos al jabón, cómo modifican, para bien, sus características finales.


Le tenía muchas ganas al jabón de vino tinto. Las posibilidades cosméticas del vino son de todos conocidas, pero este tipo de jabones requieren de cierta previsión para su elaboración y yo soy la reina del "aquí te pillo, aquí te mato". Finalmente, en un alarde de organización, conseguí prepararlo todo para hacer mi primer jabón de vino tinto y ya os adelanto que no será el último.

Os explico cuáles son los pasos a seguir si queremos hacer este maravilloso jabón. No seáis tan vagos como yo y poneos manos a la obra, os aseguro que el resultado os va encantar.

Lo primero que tenemos que hacer es poner el vino tinto a hervir a fuego lento. En teoría esto es para que evapore el alcohol, así se ha hecho toda la vida. Y digo en teoría porque, cuando me dispuse a hacerlo, estuve buscando información sobre cuánto tiempo exactamente debía hervir y encontré varias páginas en Internet que decían que el alcohol no se evapora porque el vino hierva. En fin, lo malo del alcohol en el jabón es que acelera la traza, como yo no pensaba hacer decoración ninguna porque me gusta que los jabones de ingredientes concretos sean sencillos, tampoco me importaba demasiado que acelerase.



Una vez hervido el vino, pesamos la cantidad que vamos a necesitar para la lejía y lo congelamos. Yo utilizo una cubitera con tapa para que no se derrame y, al ser cubitos pequeños, sea más fácil disolver la sosa. Cuando el vino esté completamente congelado, preparamos la lejía. Hay que tener paciencia porque tarda bastante en disolverse y queda un mejunje espeso y de peculiar olor.

A partir de aquí sólo queda realizar el jabón con la receta que hayamos elegido. Estos jabones suelen quedar de un marrón indefinido, yo intenté darle un color granate, pero no estuve muy acertada en la mezcla y me quedó este caldera que, aunque no se parece en nada al color del vino, no me disgusta. No deja de ser un color terroso y el vino es algo muy vinculado a la tierra ;).

Cuando comenté con alguna compañera jabonera que por fin había hecho jabón de vino, me aseguraron que el vino daba unos jabones muy cremosos que seguro me iban a gustar. No es que dudase de su palabra, más bien dudaba de que yo fuese capaz de apreciar la diferencia, pero se aprecia, ya lo creo que sí.


viernes, 3 de febrero de 2017

Cómo forrar un molde de jabón

Hace unos días, en Instagram, intenté ayudar a una compañera jabonera a simplificar un poco la tarea de forrar moldes, no sé si lo conseguí (entre otras cosas porque la explicación la tuve que hacer en inglés y no quiero ni pensar en las diferencias entre lo que yo pretendía decir y lo que dije realmente...). Esto me recordó los quebraderos de cabeza que me produjo en su día la tarea de forrar el molde, miré en un montón de sitios, rebusqué por todo internet y, aunque encontré algún buen tutorial explicando cómo preparar el forro para que no queden arrugas y éstas no se marquen en el jabón, a mí se me seguía dando fatal. Ha pasado mucho tiempo de aquello y este tipo de cosas, una vez superadas, se olvidan con facilidad. Al final encontré mi propio modo de hacerlo, me parece más rápido, seguro y económico que los otros que he probado. Lo voy a explicar lo mejor que pueda por si a alguien le sirve de ayuda.

Necesitamos, como es obvio, papel de horno, pero también un par de trozos de plástico duro (polipropileno), del que llevan los cuadernos escolares. Los trozos de plástico los cortaremos a la medida de los lados cortos y los utilizaremos para cubrirlos y así ahorrarnos una tira de papel de horno.


PASO Nº 1. Tomamos la medida que necesitamos de papel y lo cortamos con cuidado.


PASO Nº 2. Como el papel no tendrá el ancho exacto, lo superponemos al molde, marcamos la medida y doblamos para ajustarlo.


PASO Nº 3. Para centrar bien el papel en el molde, lo doblamos por la mitad y hacemos una marca que nos servirá como referencia a la hora de colocarlo dentro.




PASO Nº 4. Introducimos el papel en el molde y marcamos con la uña uno de los lados.


PASO Nº 5. Sacamos el papel y doblamos por la marca que acabamos de hacer.


PASO Nº 6. Ajustamos el doblez a uno de los lados y, sujetándolo, marcamos el otro. Repetimos la operación anterior, sacamos el papel del molde y doblamos por la marca.


PASO Nº 7. Volvemos a meter el papel en el molde y terminamos de darle forma al forro marcando los dobleces que ajustan en el borde superior del molde, así quedará perfectamente ajustado y no se harán arrugas.




PASO Nº 8. Con una goma grande, sujetamos el papel para que no se mueva.


PASO Nº 9. Ya sólo queda colocar los trozos de plástico en las extremos para tener un molde perfectamente forrado y sin ninguna arruga.




Cuando desmoldemos el jabón, tendremos que ayudarnos de un cuchillo para despegar el plástico de los extremos, salvo que hayamos sido muy pacientes y el jabón esté suficientemente seco.

Espero que esta larguísima explicación os sirva de ayuda a aquellos que os iniciáis en este maravilloso mundo.


viernes, 19 de agosto de 2016

Jabón degradado

¡Me encantan los degradados! Para los que no lo sepáis os cuento que me refiero a una técnica decorativa muy elegante, a mi parecer, que consiste en realizar un jabón dividiéndolo en varias capas del mismo color, pero cada una de ellas un poco más clara que la anterior. Lo sé, como explicación de la técnica no vale un pimiento, pero estoy segura de que lo vais a entender en cuanto veáis las fotos. Es una técnica un poco latosa de llevar a cabo, pero tiene una cosa buena, no hay que preocuparse por mantener la traza muy líquida y eso, al menos a mí, me quita un peso de encima y, además, siempre, siempre sale bien. Encontraréis degradados preciosos divididos en capas perfectas, totalmente lineales, pero a mí también me gustan los irregulares, me parece que tienen un aire más artesano por así decirlo. Voy a intentar explicar cómo se realiza esta técnica.


PASO Nº 1. Una vez trazado el jabón, se divide la masa en tantas partes como capas queramos realizar, en este caso, como son cinco las capas, lo dividiremos en cinco partes.

PASO Nº 2. Colorearemos dos de las partes con el color que más nos guste. Reservamos una de las partes coloreadas y la otra la vertemos en el molde. Daremos un par de golpes firmes al molde contra la encimera para que no queden huecos. Ya tenemos la primera capa. Mucho cuidado con no pasarnos de color o no podremos rebajar el tono ni a tiros.


PASO Nº 3. La segunda parte coloreada la mezclamos con una de las partes neutras y removemos bien para unificar la mezcla. Es mejor utilizar una espátula, no vaya a ser que nos pasemos de espesura por darle con la batidora. Vertemos la mitad de la mezcla en el molde, sobre la primera capa, con cuidado para que no se mezclen. Podéis hacerlo con una cuchara si la mezcla está espesa y luego habrá que darle los golpes de rigor. Ya tenemos la segunda capa.

PASO Nº 4. Repetimos el paso nº 3, es decir, mezclamos la parte coloreada que habíamos reservado con una de las partes neutras y así tendremos el color rebajado nuevamente. Verteremos la mitad de la mezcla en el molde y así tendremos la tercera capa.

PASO Nº 5. Repetimos el paso nº 3 una vez más.

PASO Nº 6. Para rebajar la última capa de jabón nos vamos a ayudar con un poco de dióxido de titanio disuelto en un poquitín de agua, sin pasarnos para que no quede muy blanquecino. Para terminar, podemos decorar la parte superior haciendo ondas con una cuchara.


Si os fijáis bien en las fotos, podréis ver que el que mejor me salió fue el jabón azul. Cuando hice el jabón verde me pasé muchísimo con el colorante y me costó un montón rebajar el color, tuve que ayudarme con dióxido de titanio. Con el jabón naranja, no sé por qué, no seguí el método que os he explicado, sino que utilicé dióxido de titanio para rebajar el color en todas las capas, como véis es mucho más difícil de controlar y desvirtúa mucho el color... No cometáis los mismos errores que yo ;).

Un saludo afectuoso a todos los que seguís visitando mi blog a pesar de lo poquísimo que publico, os lo agradezco un montón.

jueves, 17 de marzo de 2016

Remolinos a raudales

Desde que hice este jabón, tanto me gustó el resultado, que lo he repetido unas cuantas veces. Cada vez ha salido algo diferente, por supuesto, porque el resultado final de cualquier técnica decorativa es imprevisible, por lo menos para mí. Puedes saber por dónde irán los tiros más o menos, pero de ahí a estar seguro de lo que obtendrás, va un gran paso. Claro que precisamente ahí está la gracia, si no fuese así, se perdería gran parte del encanto ;).


Como expliqué en su momento, la manera de realizar esta decoración es muy sencilla. Una vez alcanzada una traza ligerita, de esas que nos permiten luego hacer remolinos, reservamos la mayor parte de la mezcla para el color blanco y una pequeña parte para cada uno de los colores que hayamos elegido. Se vierte toda la parte blanca en el molde y los colores, de manera alterna, se echan a lo largo del molde, tirando líneas desde diferentes alturas, para que cada línea, en lo posible, quede a una altura diferente dentro del jabón. 


Luego, metemos la percha por uno de los lados del molde y movemos el jabón con entusiasmo, como si no hubiera un mañana. La percha tiene que trazar dentro del jabón ochos invertidos o tumbados u horizontales, como lo entendáis mejor. Yo le doy unas cuantas pasadas, mínimo tres, para que los colores se mezclen bien. El resultado final dependerá de muchas cosas, una muy importante de cómo de espeso esté el jabón a la hora de removerlo. En las dos últimas fotos, el jabón estaba tan líquido que se me salió parte por el fondo del molde de madera que es desmontable. Como veis, los colores están más mezclados y los dibujos son como más finitos.


Para cada uno de los jabones los colores fueron diferentes. Las posibilidades son enormes, casi infinitas. Yo os invito a ser atrevidos, lo dice una que se lo piensa todo un montón... La inspiración se puede encontrar en cualquier lugar. En los jabones de otros compañeros podremos ver el resultado final sin correr riesgos. Pero también nos podemos inspirar en prendas de ropa, en estampados, ahora que llega la primavera y la ropa será más colorida. Para la elección de los colores de este último jabón, yo me inspiré en las orgonitas de Sergio Masala, para que veáis de qué sitios tan dispares nos pueden llegar las ideas. De no haber visto en ellas lo bien que quedaban el azul, el verde y el marrón juntos, jamás se me hubiera ocurrido elegir esos colores. 


¿Alguna vez os habéis inspirado para vuestros jabones en algo que no tiene nada que ver con el jaboneo? Me encantaría que me lo contarais en los comentarios. Muchas gracias por venir a verme ;).

domingo, 6 de marzo de 2016

Jabón de laurel, crónica de un desastre

Tengo unos cuantos laureles en casa. Por desgracia, no todos dan bayas, apenas un par de ellos, pero son suficientes para permitirme hacer un oleato con bayas de laurel. Extraer el aceite de las bayas es un proceso complicadísimo y con un resultado muy pobre, se necesitan muchísimas para obtener unos pocos gramos de aceite de laurel. Como soy poco dada a complicarme la vida, para mí un oleato es una opción estupenda, no es lo mismo que el aceite de laurel, pero me vale.

Un oleato es una de las formas que tenemos de obtener o extraer los beneficios de las plantas. Se pueden hacer en frío o en caliente y con planta fresca o seca. El oleato hecho en frío consiste en llenar un bote de cristal con la planta que hayamos elegido y cubrirla por completo con aceite. Se suele utilizar aceite de oliva, de girasol o de almendras. El bote lo guardaremos en un lugar seco y oscuro y lo mantendremos así, moviéndolo cada cierto tiempo, entre 30 y 45 días. Después tendremos que colar muy bien el contenido y podremos usar el aceite para nuestro jabón.

Al realizar el oleato en caliente, acortamos mucho el tiempo de espera. En este caso yo utilicé este método por eso, por ser más rápido. Dado que para realizar un oleato en caliente, no conviene que la temperatura sea demasiado alta, yo utilicé la thermomix. Primero trituré todas las bayas, después las cubrí con aceite de oliva y, por último, las tuve durante dos horas a la temperatura mínima, 37º. El aceite bien colado, lo utilicé en la receta. Una advertencia, al ser aceite de oliva, cuando calculemos la fórmula en la calculadora, lo pondremos como aceite de oliva, que el hecho de ser un oleato de bayas de laurel, no lo convierte en aceite de laurel ;).



Este jabón lo realicé hace ya algún tiempo, fue uno de mis primeros experimentos, apenas llevaba unos meses metida en el mundo del jaboneo. La falta de experiencia se suele pagar tarde o temprano, pero es verdad que de los errores, o de las  meteduras de pata, también se aprende. Como suelo ponerme a hacer jabón cuando me da el arrebato, no me gusta mucho elaborar jabones que requieran preparativos con antelación. Es por eso, por ejemplo, que no suelo usar infusiones u otro tipo de ingredientes que deban congelarse porque es evidente que eso hay que tenerlo previsto al menos un día antes ;). Pero en esta ocasión, eran tantas las ganas que tenía de hacer este jabón de laurel que, no sólo hice el oleato, sino que también preparé la infusión de hojas de laurel y, claro, la congelé para que, al mezclarla con la sosa, ésta no la achicharrara. Además, para que el contenido de laurel fuese el máximo posible, pulvericé unas hojas secas de laurel y las añadí en la traza, de ahí las motitas más oscuras que se ven el la foto.




Pues eso, que tenía todo bien preparado, hago el jabón, casi dos kilos, lo vierto en el molde y, cuando voy a coger el molde para envolverlo con el film, me quedo con las paredes en la mano, la base se queda en la encimera y todo el jabón se desparrama por todas partes. No sé si os hacéis una idea de lo que son 1800 gr. de jabón desparramados... Entré directamente en modo histeria, lo que en mi caso va unido a modo bloqueo... ¡¡¡No, no, no..., no me puede estar pasando esto!!! Por suerte, no hacía mucho había leído un caso parecido en el foro de mendrulandia y recordé que el jabonero en cuestión, salía del paso cogiendo a toda velocidad el primer recipiente que tenía a mano y echando en él toda la masa que podía recuperar. Así que yo agarré la cazuela e hice lo propio, recompuse el molde, lo coloqué sobre una bandeja y volví a llenarlo con el jabón rescatado. A pesar de que no se lo merecía para nada, lo envolví con el film y lo dejé bien abrigadito para que gelificara. La parte más importante de este relato es la BANDEJA. Esto es lo que aprendí, siempre que dudes de la resistencia de un molde desmontable, ponlo encima de una bandeja ;).




El color del jabón es totalmente natural, un verde precioso, ¿verdad? Pero la pena es que apenas duró un tiempo y acabó quedando de un tono parduzco difícil de definir, es lo que suele pasar con muchos colorantes naturales. En cuanto al olor, recién hecho era increíble, un olor riquísimo a laurel pero ese aún duró menos que el color...

Quiero dejar claro que éste no es un jabón de Alepo, no tiene nada que ver. La composición del jabón de Alepo es 65% de aceite de oliva y 35% de aceite de bayas de laurel. Para este jabón utilicé la siguiente receta:


JABÓN DE LAUREL

- Aceite de oliva (oleato de bayas de laurel), 861 gr.
- Aceite de coco, 201 gr.
- Manteca de karité, 153 gr.
- Cera de abeja, 19 gr.
     - Sosa, 158 gr.
     - Agua, 408 gr.

- Sobreengrasado, 9%
- Concentración, 28%


Por cierto, la fotos son muy malas, pero, como ya he dicho, este fue uno de los jabones de mis primeros tiempos, cuando hacía las fotos más como recuerdo que como otra cosa, y cuando ni se me pasaba por la cabeza que algún día publicaría un blog :).

Por último, si alguien tiene interés en saber cómo se obtiene aceite de las bayas de laurel, Mónica, de "El arte del jabón", lo explica estupendamente aquí.

domingo, 7 de febrero de 2016

Nueva técnica decorativa para jabón

No me cansaré de decirlo, esto del jaboneo está hecho para mí. No podéis ni imaginar la satisfacción que me produce cortar un jabón y descubrir las sorpresas que encierra. Reconozco que alguna vez me he llevado un chasco, no siempre salen como tú te lo habías imaginado, pero os aseguro que son las menos veces. Es mucho más frecuente que te espere un auténtico regalo al cortarlo y ¡qué alegría tan grande da!

Desde que empezó el año, he hecho varios jabones que me tienen muy contenta, pero el que se lleva la palma es el que corté ayer mismo. Cuando pensé el tipo de decoración que quería, pretendía copiar uno que recordaba haber visto por algún sitio. Cualquier parecido con el original es pura coincidencia. Sólo vi una foto del jabón, por lo que tuve que imaginarme cómo podría estar hecho. Tras ver el resultado, es evidente que no di pie con bola. Pero eso es lo más asombroso, la mayor parte de las veces, hagas lo que hagas, sale bien.


Ahora tengo que confesar que el título de la entrada es una exageración, evidentemente yo no he inventado nada, pero creo que al menos puedo decir que tengo mi propio estilo a la hora de decorar jabones. Estilo al que yo denomino "a la remanguillé". Una especie de aquí te pillo aquí te mato del jabón, vamos que lo hago según me viene en gana, sin orden ni concierto, por eso me sorprende tanto que queden así.


Voy a explicar la técnica con detalle por si hay algún jabonero tan anárquico como yo al que le pueda servir. Se colorea una pequeña parte de jabón con tres azules diferentes y el resto con blanco. Se vierte en el molde todo el jabón blanco; los azules, que tendremos en jarras, se van tirando a lo largo del molde desde diferentes alturas y de manera alterna, con la intención de que queden a su vez en diferentes alturas en el jabón. Si tiramos el jabón desde más alto, caerá más profundamente que si lo tiramos desde más cerca, que quedará más cerca de la superficie. Una vez que hemos terminado de echar los colores, metemos la percha y le damos unos cuantos meneos de la manera menos ortodoxa que se os ocurra ;). Para terminar, firuleamos por encima al gusto. Bueno, pues después de este sin sentido, queda un jabón así de bonito.

Espero que os haya gustado y que, si os animáis a poner en práctica "mi técnica", me contéis los resultados :).


jueves, 24 de diciembre de 2015

¡Feliz Navidad!

Quiero aprovechar estas fechas para daros las gracias a todos los que a lo largo de este año os habéis asomado a mi alacena (que, en realidad, es más vuestra que mía).  A los que habéis pasado discretamente; a los que me habéis apoyado con vuestros comentarios que tanto, tanto agradezco; a todos.

Para felicitaros estas fiestas quiero compartir con vosotros una obra maravillosa interpretada por el Coro de Amigos Coralia Artis, coro al que desde hace unos meses tengo la suerte de pertenecer. Para que veáis que no todo es jabón en mi vida ;).

Os deseo de corazón una feliz navidad y que el nuevo año llegue cargado de mucho amor y de muchos momentos felices.


Zorionak                  Feliz Navidad                 Bon Nadal              

            Merry Christmas                  Kala Christougenna                                

Buon Natale              Boas Festas                Shinnen omedeto

    Pozdrevlyayu s prazdnikom

                                        Fröhiliche Weihnachten



lunes, 7 de diciembre de 2015

Jabón facial para pieles secas y maduras

Hace unos años ni se me habría pasado por la cabeza lavarme la cara con jabón. Tengo la piel bastante seca y creía que piel seca y jabón eran incompatibles, después de todo el jabón reseca, ¿no? Bueno, eso es así cuando hablamos de jabones comerciales, que nos dejan la piel tirante, reseca y con una sensación muy desagradable, pero eso no pasa con un jabón artesano, máxime cuando está formulado pensando especialmente en una limpieza suave e hidratante. Varias personas de las que habían probado mis jabones, me decían que los usaban también para la cara, ¡jabones que ni siquiera estaban pensados para eso! Me daba un poco de reparo, pero me aseguraban que les iban fenomenal. A pesar de estar encantada con ellos, muy contenta con cómo me dejaban la piel del cuerpo, seguía sin plantearme usarlos para la cara.

Pero basta que lea en un blog alguna entrada sobre jabones faciales o a alguien que cuenta en mendrulandia las virtudes de su última fórmula para la cara, para que a mí me entren unas ganas enormes de ponerme a experimentar. Después de darle unas cuántas vueltas a la fórmula, poniendo y quitando ingredientes en busca de la combinación perfecta, conseguí un jabón excelente, que deja la piel limpia y suave, pero tan, tan suave, que es un placer usarlo a diario. Llevo ya más de un año usando este jabón y sólo puedo deciros cosas buenas de él, vamos, que está requeteprobado ;).


Si habéis visitado mi blog con anterioridad, sabréis de sobra lo mucho que me gusta darle color a mis jabones, pero también me gustan los jabones sencillos, esos cuyo principal atractivo es la promesa de las muchas bondades que proporcionará a nuestra piel. Tengo la manía de no utilizar colores en aquellos jabones que tienen una finalidad concreta, yo qué sé, cosas mías. Y ahora pensaréis, pero bueno, si este jabón está decorado con unas líneas blancas... Pues sí, pero esas extrañas rayas son debidas a un curioso efecto producido por una gelificación incompleta (los que no entendáis el término y tengáis curiosidad, sólo tenéis que pinchar en el enlace :)). Esa fue la primera y, por el momento, única vez que me ha pasado algo parecido y, dado que es una de esas cosas que el jabón hace cuando quiere y como quiere, dudo mucho de que se vuelva a repetir...


Aquí os dejo la fórmula para que la probéis si os apetece. Si introducís los datos en la calculadora de saponificación de mendrulandia, veréis que el valor del acondicionado es muy alto porque, como os he dicho, me interesaba un jabón muy suave y muy hidratante. Os animo a que probéis a modificar este u otros valores, quitando y poniendo aceites o cambiando las cantidades. Es así como se aprende a utilizar esta estupenda herramienta. Y no os olvidéis de reescalar la fórmula si queréis un jabón más pequeño ;).

- Aceite de oliva, 682 gr
- Aceite de hueso de palma, 244 gr.
- Manteca de karité, 117 gr.
- Aceite de borago, 68 gr.
- Aceite de macadamia, 68 gr.
- Cera de abeja, 58 gr.
         - Sosa, 156 gr.
         - Agua, 400gr.

- Sobreengrasado, 10%
- Concentración, 28%

Me encantaría que, si os animáis a hacer este jabón, volvieseis por aquí a contarme el resultado, sería estupendo.








domingo, 9 de agosto de 2015

Las cosas del jabón

No es la primera vez que cuento aquí que es muy habitual llevarse alguna que otra sorpresa cuando elaboramos jabón artesano. A veces son desagradables. No gelificó como debía y me quedó un ronchón oscuro en el centro de la pastilla; un color que creía estable mutó y se convirtió en otro horroroso de feo; tenía en mente una decoración y el resultado no tiene nada que ver con lo que yo había pensado; ¡dios mío!, ¿qué le ha pasado a la traza?, ¡esto es puro cemento!, ¿cómo meto yo ahora la percha?... En fin, esas cositas que no esperábamos, pero que ocasionalmente ocurren y nos dan pequeños disgustos..., bueno, y grandes también. Pero no siempre es así, incluso cuando pensamos que hemos metido la pata hasta el corvejón, podemos tener la increíble suerte de que el jabón esté de buenas y nos regale uno de esos resultados inesperados y maravillosos.


Uno de los momentos más especiales en la elaboración del jabón es el momento de cortar la primera pastilla de una nueva barra. Hemos dedicado tiempo y cariño a idear y formular una buena receta, hemos pensado en una combinación cromática perfecta, hemos elegido el aroma adecuado, hemos escogido entre las diferentes técnicas decorativas la que más nos gusta, hemos disfrutado con todo el proceso y, por último, hemos esperado pacientemente a que pasen los dos días de rigor para poder sacar a nuestra nueva "criatura" de su cascarón (vamos, a sacar el jabón del molde, que es que ya no sabe una que inventar para no repetir ochenta veces la palabra "jabón" en una entrada ;P).


Un compañero de mendrulandia comparaba la emoción de cortar esa primera pastilla con la de la mañana de Reyes. Puede parecer una exageración, pero yo creo que es una comparación muy acertada :). Claro que no siempre llegamos a ese momento con ilusión porque, si hemos sufrido alguno de los percances que he enumerado ahí arriba, no estaremos muy ilusionados que se diga. Pues eso es exactamente lo que me pasó a mí con mi último jabón. Había pensado hacer un jabón blanco en su mayoría, con una decoración de remolinos ocultos en amarillo y azul. Esta técnica la explica estupendamente Mónica en su blog, "El arte del jabón", exactamente aquí. Como decía, había pensado, porque se me fue la mano con la batidora y tuve que echar el jabón en el molde casi a paladas... ¡Qué coraje! Aún así, intenté introducir los colores en el blanco a base de darle con mucho ahínco y mucha fe con la espátula y, a pesar de que nada hacía pensar que pudiese remover nada de nada con la percha, le di unos cuantos meneítos por si acaso. Y lo más que pude hacer por la parte de arriba fue una decoración de cuchara..., bueno, no está mal para variar porque no suelo utilizarla mucho...


Cuando llegó el  momento de cortarlo, me esperaba lo peor. Pero ya he dicho que a veces el jabón es generoso y esta vez lo fue. ¡Estoy encantada con el resultado! A ver si soy capaz de repetir el efecto cuando realmente quiera, ya tranquilamente, sin pasar sudores ni disgustos.


Os dejo la receta por si os apetece probarla. A mí me gusta mucho, es muy suave y espumosa. Ya, ya, lo sé, siempre digo lo mismo, pero es que todas lo son. Si es que hay que pasarse a lo natural, que es una gozada.

   - Aceite de oliva, 698 gr.
   - Aceite de coco, 199 gr.
   - Manteca de cacao, 127 gr.
   - Manteca de karité, 115 gr.
   - Aceite de almendras, 67 gr.
   - Aceite de ricino, 29 gr.
      - Sosa, 158 gr.
      - Agua, 294 gr.

   - Sobreengrasado, 10%
   - Concentración, 35 %

Sólo recordar un par de cosas, que esta receta está pensada para unos 1800 gr. de jabón, quién quiera una cantidad distinta, no tiene más que utilizar la calculadora de mendrulandia para reescalar la receta; y que he utilizado una concentración bastante alta, pero este dato también se puede modificar en la calculadora, tenéis enlace directo a la derecha de la pantalla. Y por supuesto que, si os ponéis a jabonear, no olvidéis nunca las medidas de seguridad ;).

lunes, 1 de junio de 2015

Jabón de colores

¿No os ha pasado nunca que, basta que tengáis que quedar bien con alguien, para que las cosas se tuerzan? Bueno, pues eso es exactamente lo que me ha pasado a mí con una tanda de jabones por encargo que acabo de hacer. Justo por estos días va a hacer dos años que empecé a hacer jabón, lo recuerdo como si de un aniversario se tratase y, en cierto modo, así es. Vale que no es una experiencia espectacular, pero he jaboneado mucho en este tiempo y también he tenido la suerte de no haber tenido demasiados problemas haciéndolo. Así que cuando me puse a hacer un encargo grande de jabón y al muy puñetero le dio por no endurecer, hasta el punto de que, después de cuatro días hecho, se quedaba pegado al cuchillo al cortarlo, me quedé completamente descolocada. Funciono muy mal bajo presión, me bloqueo y, más allá de lamentarme y pensar "¿por qué a mí, señor?, ¿por qué a mí?", no era capaz de mucho más.


Pero creo que aún no os he contado una cosa y es que en este mundillo de artesanos, brujos y brujas jaboneros, hay gente muy, pero que muy generosa. Son como hadas buenas que no dudan en desplegar su extensa experiencia y sabiduría para ponerla a tu servicio en caso de necesidad. Y en esta ocasión, mi hada buena particular fue Mónica, de El arte del jabón, a la que no puedo sino estar agradecida, muy agradecida, de verdad. Algún día, con más tiempo, os enseñaré mis intentos de imitar alguno de sus preciosos jabones, el resultado es muy divertido... De momento os recomiendo que no dejéis de visitar su blog, vais a aprender mucho y a disfrutar un montón de su trabajo.


Cuando acudí a Mónica para preguntarle cuál podía haber sido el problema, no sólo me tranquilizó sino que, dado que la fórmula estaba equilibrada y con valores correctos, me dio un cursillo acelerado de cómo trabajar el jabón con concentraciones más altas para evitar en lo posible ese problema de la falta de dureza. En muy pocas ocasiones había yo tocado esa variable de la concentración en la calculadora de mendrulandia que, por defecto, es siempre de un 28%. 


Aprovecho para explicaros, porque no lo hice en la entrada sobre teoría que publiqué, que cuando hablamos de CONCENTRACIÓN nos estamos refiriendo a cómo de concentrada está la lejía que vamos a utilizar para hacer el jabón. Si el porcentaje es más alto, significa que tenemos más sosa disuelta en menos agua (con un 40 % de concentración tendríamos un 40% de sosa disuelta en un 60% de agua); si es más bajo, tendremos menos sosa en más agua (con un 28% de concentración, tendríamos un 28% de sosa disuelta en un 72 % de agua). Cuando cambiamos este punto en una receta, en realidad la única cantidad que cambia es la de agua, la de sosa no se modifica.


Con concentraciones más altas, es más difícil hacer decoraciones porque la traza espesa mucho antes, de ahí que sea imprescindible trabajar con todos los ingredientes lo más fríos posible, para retardar este momento. Me ha gustado mucho la experiencia, aprender a hacer las cosas de una manera diferente siempre es muy interesante y constructivo.


La decoración que he empleado es muy sencilla, pero muy resultona. Saqué la idea de este vídeo que encontré en youtube. En realidad, ese jabón no se parece en nada al mío ;), porque yo suelo hacer luego lo que me parece. El jabón del vídeo, que es muy bonito, queda parecido a lo que sería un jabón decorado con la técnica del falso embudo, pero es que a mí las rayas curvas que quedan no me gustan mucho, así que yo decidí meterle unos meneítos con la percha y estoy muy contenta con el resultado. Un método muy sencillo y sin complicaciones con unos resultados muy vistosos, espero que os guste :).


Creo que no hace falta explicar que las fotos de esta entrada son, una vez más, un regalo de María que, entre examen y examen, sacó un rato para recorrer su precioso jardín buscando el lugar idóneo para cada una de las fotografías. ¡Son unas fotos preciosas! ¡Gracias de nuevo, María!

viernes, 22 de mayo de 2015

Jabón de Castilla

En el mundo del jabón, hay una serie de recetas que podemos denominar clásicas y, quizás, la más sencilla y conocida de todas sea la del jabón de Castilla. Este jabón lleva en su composición, como única grasa, nuestro magnífico aceite de oliva. Es un jabón que no gusta a todo el mundo, pero lo que todo el mundo sabe es que es el jabón más respetuoso y delicado con nuestra piel. Por esta razón, es ideal para pieles sensibles, como la piel de los bebés, siempre y cuando no le añadamos ni aromas ni colorantes. La razón por la que hay gente a la que no le gusta, es porque es un jabón que no hace mucha espuma y porque, una vez que entra en contacto con el agua, se vuelve blando y babosillo. Pero no os desaniméis por eso, porque sus beneficios compensan con creces estos dos pequeños inconvenientes. Además, acordaos de que os di un truquillo para ese tema de la espuma ;).




Como es un jabón que, como ya he dicho, no lleva ni aromas ni colorantes para que sea 100% natural, decidí utilizar un molde de silicona con forma de rosa. No suelo usarlos casi nunca porque me encantan las barras, pero en esta ocasión me parecía que le iba al pelo y, la verdad, creo que han quedado muy monos :).



El periodo de curación de cualquier jabón es de cuatro a seis semanas, el del jabón de Castilla, también, pero mejora notablemente si tenemos un poco más de paciencia y nos aguantamos unos seis meses antes de usarlo. Entonces hará algo más de espuma, aunque nunca va a ser un jabón espumoso, y estará un poco menos baboso. Creo que merece a pena la espera :).


lunes, 27 de abril de 2015

Truco espumoso

Seguramente, dos de las principales obsesiones de un artesano jabonero son el olor de sus jabones y su espuma. En relación con el olor, no tengo ningún remedio, sólo tengo una reflexión. Los jabones artesanos huelen lo que huelen y yo prefiero mil veces un jabón natural de aroma discreto pero excelentes propiedades para mi piel, a cualquier producto comercial con un aroma embriagador. Dicho esto, sí os voy a dar un truqui para el tema de la espuma.

Hay que reconocer que la espuma es muy agradable. Es verdad que no quiere decir que un jabón menos espumoso sea un jabón peor. Tenemos que acostumbrarnos a que cuando usamos un jabón artesano, más que con espuma, nos lavamos con una especie de cremita. Peeero, como he dicho, ya que la espuma nos gusta, os voy a dar un truco para convertir vuestra ducha con jabón artesano en una auténtica fiesta de la espuma. Es tan fácil, sencillo y económico como usar el jabón dentro de una bolsa de organdí (también conocido como organza). Esta combinación, no me digáis por qué, hace que la espuma de cualquier jabón se multiplique.


Esa es solamente una de sus muchas ventajas y utilidades porque, además, es una manera estupenda de mantener el jabón seco y que no se nos quede blandurrio y baboso por estar en la jabonera en contacto con el agua. Una vez que terminamos de usarlo, y aprovechando la cinta que trae la bolsita para cerrarse, lo colgamos de cualquier parte (grifo, soporte de la ducha o, si queréis, una de esas ventosas que se pueden adherir a los azulejos) y lo tendremos listo y completamente seco para el próximo uso.


Estas bolsas son también muy prácticas para aprovechar restos de pastillas o recortes de jabón, metemos unos cuantos trocitos juntos en una de ellas y obtenemos un excelente jabón multipropiedades ;). Os invito a que lo probéis y estaré encantada de que, si lo hacéis, me contéis qué os ha parecido.


Por último, quiero decir que esta estupenda idea no se me ocurrió a mí, que cuando digo que no tengo imaginación es por algo ;P, sino a mi amiga Gema que generosamente me permite compartirla en este rincón. Espero que os haya gustado :).


martes, 21 de abril de 2015

Jabón de borago

Tengo una tendencia natural a la dispersión, no lo puedo evitar. Esto me lleva a empezar cosas que luego no remato porque mi cabeza ya está pensando en la siguiente. Esto mismo me pasa con el blog, son tantas las cosas que quiero publicar, que empiezo una entrada y otra y otra y, antes de haber acabado alguna, ya me viene una nueva idea a la cabeza que necesito poner por escrito..., ¡es horrible! Me gustaría ser más ordenada, más metódica, menos caótica, pero esto es lo que hay :). Claro que no siempre es así, a veces me centro y escribo de un tirón, normalmente suele pasar cuando tengo muchas ganas de compartir algo y ésta es una de esas veces.


No suelo utilizar ni muchos ingredientes ni muy sofisticados en la composición de mis jabones porque, con cuatro o cinco aceites, me vale para alcanzar las características que busco, así que para qué me voy a complicar más. El aceite de oliva, imprescindible; el de coco, también, claro; la manteca de karité, por la que siento debilidad, no suele faltar; ni la manteca de cacao ni la cera de abejas. Todos ellos son casi fijos en cualquiera de mis recetas. Pero claro, experimentar gusta, y al final es inevitable que acabes probando cosas nuevas. 


Así fue cómo llegué al aceite de borago que, en realidad, de exótico no tiene nada porque, aunque el nombre despiste, se trata nada más y nada menos que de aceite de borraja (se ve que borraja no suena tan bien como borago, que es su nombre científico; eso para el que no las haya comido nunca, porque yo, personalmente, las adoro). La verdura tiene un montón de propiedades beneficiosas para el organismo y el aceite no va a ser menos. Es un aceite muy interesante para pieles maduras porque ayuda a reducir las arrugas, es emoliente, es decir, suaviza la piel, y reduce la pérdida de colágeno, entre otras cosas. Pero, en realidad, lo que a mí me interesa, es que el jabón que resulta tras incluir este aceite en la receta, es una gozada. Casi podría decir que no hay jabón artesano que no me guste, pero es que éste es especialmente agradable de usar. No sé si aportará a mi piel todas esas cosas buenas que el aceite promete, lo que sí sé es que usarlo en la ducha es un placer. Es muy suave, muy espumoso y deja la piel hidratada y limpita ;). 


No voy a poneros los dientes largos contándoos lo maravilloso que es este jabón así sin más, para quien quiera probar sus bondades, aquí os dejo la receta. Que conste que es mi receta preferida, así que espero de verdad que os guste.


JABÓN DE BORAGO

   - Aceite de oliva, 579 gr.
   - Aceite de coco, 236 gr.
   - Manteca de cacao, 177 gr.
   - Aceite de almendras, 118 gr.
   - Aceite de borago, 83 gr.
   - Cera de abeja, 24 gr.
      - Sosa, 161 gr.
      - Agua, 415 gr.

   - Sobreengrasado, 8%
   - Concentración, 28 %


Mi madre es aragonesa. La borraja es una verdura muy común y apreciada en Aragón. Así que este jabón que lleva el aceite de las semillas de esta verdura que tanto nos gusta y tanto nos recuerda a su tierra, se lo dedico a ella. ¡Va por ti, mamá!


***Hoy, día 21 de octubre de 2015, gracias al amable comentario de Aira, que me señala que hay un error en la receta, edito la entrada para corregirlo. Que nadie se asuste, que no era nada importante, simplemente una equivocación en el sobreengrasado que apenas afecta al resultado final. De todos modos, pido mil disculpas y prometo estar más atenta de ahora en adelante. Esto me hace reparar en el hecho de que, aunque a veces me parece que escribo sólo para mí, detrás de la pantalla hay personas que leen lo que yo escribo en estos momentos y además lo leen con atención. ¡Gracias Aira! Y gracias a todos los que os asomáis a mi alacena, es un regalo para mí.

miércoles, 8 de abril de 2015

¿Por qué la alacena?

Hace algún tiempo, un amigo me regaló un libro, así, porque sí, sin motivo alguno. Uno de esos detalles que te hacen sonreír, pero sonreír de verdad, sonreír por dentro. El libro no venía solo, dentro había guardado este precioso poema.


ONE FOR THE STOREHOUSE

The fading evening light;
Your face
deeply engrossed
in a book;
The stillness
and the noise
of the sea;
All this,
will I put
in my storehouse
of good memories
and hold it
against the coming storms.

Meiling Jin, Gifts from my grandmother


Traducido de aquellas maneras, viene a decir lo siguiente: La tenue luz del atardecer; tu cara profundamente absorta en un libro; la quietud y el ruido del mar; todo esto, lo pondré en mi almacén de buenos recuerdos y lo conservaré contra las tormentas venideras.




Aunque el poema habla de un almacén, yo siempre pensé en una alacena, porque es una palabra que me encanta y porque en una alacena guardamos cosas frágiles, delicadas. La imagen me parece preciosa y perfecta. Almacenar buenos recuerdos para echar mano de ellos en los malos momentos. Así que, desde que leí este poema, esa imagen la hice mía y la he utilizado muchas veces. Son muchas las cosas que podemos guardar en la alacena si somos capaces de disfrutar y valorar las cosas pequeñas. Los jabones me han dado mucho y se merecen un lugar aquí, en mi alacena, donde comparten espacio con personas que la vida ha puesto en mi camino como si fueran un regalo, paseos perfectos, lugares que son descubrimientos que compartir, lunas, nubes y cielos imposibles, libros que son refugio, párrafos que un día alguien escribió sólo para mí (de eso estoy segura), canciones que cantar hasta quedar afónica, sonrisas que iluminan los días, y besos y abrazos, sobre todo abrazos... ¡Esta alacena está a tope! Y espero y deseo que la vuestra también ;).